Un reconocible y eficaz Barça se ha proclamado campeón de la Supercopa de España tras vencer al Real Madrid por 3-2 en un partido alocado. El equipo de Hansi Flick supo aprovechar mejor los momentos clave y gestionó a la perfección el ritmo del encuentro ante un Madrid peligroso al contraataque.
El Madrid, con peores sensaciones en el derbi, cambió menos. Solo Huijsen, que venía menguando y salía de una lesión, por un Rüdiger tocado. Mejor salida de balón y menos contundencia. Y de nuevo con Gonzalo, un nueve-nueve para producir segundas jugadas aun a costa de no espesar el centro del campo, el punto fuerte del Barça. Casi los mismos nombres, pero con papeles muy distintos: Tchouameni como tercer central, emparedado por Asencio y Huijsen, Valverde como lateral retráctil metido a exterior cuando el equipo tenía la pelota, Bellingham doblando el pivote con Camavinga, Rodrygo en la izquierda, Vinicius en punta y Gonzalo con la misión de embarrar la salida de pelota de De Jong. En definitiva, una sacudida que sonaba a confesión: jugando como ante el Atlético era imposible sobrevivir al Barça.
El Clásico, en toda su extensión, había llegado para quedarse. Un Vinicius incontenible probó dos veces a Joan García. El primer tiro le ofreció incluso la opción del rechace. Después fue Rodrygo quien exploró esa vía con el mismo éxito. Y una entrada dura de Asencio a Pedri añadió el ingrediente que faltaba: la tangana. Hubo reparto de empujones y reproches, todos de pronóstico reservado.