Con 39 años, con una carrera eterna en sus botas en la que no tiene ya nada que demostrar a nadie, en la que ha hecho historia a nivel mundial, Olivier Giroud no se apaga nunca. El delantero marcó un gol de penalti en el último minuto contra el Friburgo que certificó el pase a la repesca de febrero del Lille.
El partido lo jugó con miedo el Lille, como si no quisiera arriesgar y con miedo en el cuerpo ante una hipotética eliminación.
Al descanso, el Lille ya sabía de primera mano que cualquier gol en contra le apeaba de la Europa League. Especuló sobremanera el conjunto francés, que hace un año se clasificaba directamente a los octavos de la Champions de manera milagrosa.
El Lille se lanzó al ataque. El gol era primordial para sellar la clasificación. El Friburgo fue un duro hueso de roer. Defendió con el cuchillo entre los dientes incluso con diez. A Giroud, al que habían pitado días antes por su rendimiento, al que ya querían retirar antes de tiempo, no le tembló el puso y marcó un gol decisivo que clasificó al Lille a los dieciseisavos de la Europa League.