A Messi le pasó un tren por encima y aún así fue Messi, como pudo, entre tortazos de un rival, el PSG, que embiste, que no tiene freno.
Fue un choque entre dos generaciones, entre dos mundos. Fue el pasado contra el presente, las leyendas contra las estrellas. Fue el fútbol a dos velocidades, la antigua, casi la añeja, la de Messi y los suyos, frente a la nueva, ultramoderna, insaciable como lo es este PSG de Luis Enrique.
Pese a caer sorprendentemente ante el Botafogo en la fase de grupos, el PSG se rehízo, terminó en lo más alto de la clasificación y pasó por encima del Inter Miami en los octavos de final. Un 4-0 en la primera mitad sentenció la eliminatoria antes del descanso. El marcador no volvió a moverse en un segundo tiempo más pausado, pero el dominio de los franceses quedó más que reflejado.
Luis Enrique, ya centrado en los cuartos de final, se mostró satisfecho con el rendimiento de sus jugadores: “En la primera parte hemos podido anularles prácticamente desde el inicio”, declaró en la rueda de prensa posterior al encuentro.