Pedri González pintó otra obra de arma en Turquía. El tinerfeño se exhibió con un poderío descomunal y se consolida en el pedestal del fútbol mundial. Su candidatura al Balón de Oro es obvia viendo su rendimiento en una carrera en la que también se apuntan Lamine Yamal y Ousmane Dembélé.
Pedri nos tiene engañados a todos. En realidad es un bailarín del Bolshói que se hace pasar por futbolista, incluso fuerza el acento canario para hacernos creer que es de aquí. Es un artista, un Nureyev que baila con el balón en los pies, un talento mayúsculo al que debe aferrarse España para volver a asombrar al mundo.
Frente a Turquía cuajó uno de los mejores partidos que se le recuerdan, un festival que contagió a todos, de Huijsen a Zubimendi, de Nico a Lamine, de Oyarzabal a Merino, este también a un nivel sideral. La goleada en Konya permite a La Roja encauzar de la mejor manera, con dos victorias en dos encuentros, la fase de clasificación para el Mundial. Queda mucho camino por delante, pero partidos así permiten llenar la botella de optimismo.