¡Dembélé es Balón de Oro!

El mundo se rinde a Ousmane Dembélé por primera vez, justo ganador del Balón de Oro. Hace dos años, ni él mismo se habría podido imaginar ni siquiera colarse entre los tres finalistas, ahora ratificado como el mejor jugador del mundo después de haber protagonizado una remontada excelsa la temporada pasada y liderar al PSG hacia un Triplete histórico.

El francés se impuso a Lamine Yamal en la votación final, en un Teatro de Châtelet abarrotado, y recibió una distinción que le adentra en la historia del deporte rey, esa que parecía destinada para otros protagonistas, no para él, que durante largos años fue considerado un futbolista indisciplinado y sin capacidad para liderar un proyecto.

El fútbol se desplaza a la velocidad de la luz, da lugar a sorpresas y ésta, por muy merecido que sea el Balón de Oro, lo es. Dembélé estuvo siempre a la sombra de las estrellas, de Messi en Barcelona y de Mbappé en su primer año en París, pero en el deporte la actitud y las ganas pueden cambiar una carrera, una trayectoria, un desenlace que parece predestinado irremediablemente.

Como el niño que salió siendo promesa de Rennes, que tuvo que sobreponerse a sí mismo, a su indisciplina, a su irregularidad, y que se transformó en hombre en el PSG, Ousmane Dembélé abrazó el Balón de Oro y París, su ciudad, el último revolucionario de una capital soñolienta por el fútbol, ahora embriagada de su talento, incomprendido por la opinión pública, le tributó como se merece.

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