El FC Barcelona apeó ayer de la Supercopa al Athletic de Bilbao con un contundente 5-0 y se convirtió así en el primer finalista de la competición.
De inicio, pareció que el plan de Valverde salía mejor que el de Flick porque el equipo blaugrana, luciendo una camiseta sicotrópica que entienden únicamente los que la parieron, reeditó un viejo clásico de su repertorio: la caraja de salida. En tres minutos el Athletic ya había sacado tres saques de esquina y el Barça no había pasado de medio campo.
En medio de la oscuridad, el Barça se encomendó a un actor recurrente y a otro inesperado. El papel del que nunca falla lo desempeñó Raphinha, un seguro en la presión y en los desmarques. Si el brasileño lo basaba todo en el empuje para contagiar a sus compañeros, el invitado inesperado al partido fue Roony Bardghji.
El extremo sueco, que había salido ocupando el vacío de Lamine Yamal, cumplió con creces a base de controles y de buscar el uno contra uno.
En 20 minutos el Barcelona dejó el partido archivado. A los 22 minutos Ferran Torres cazó un gol de nueve clásico tras un semifallo de Fermín. La empaló con la espinilla y Unai no pudo llegar. Ocho minutos después una nueva jugada de Ferran le sirvió a Fermín para que, esta vez sí, rompiera el balón marcando el 2-0.
El partido quedó ya sentenciado, si antes no lo estaba, cuando Raphinha volvió a retratar al portero vasco con un disparo tremendo a la escuadra del palo que guardaba.
En la segunda parte, el Barcelona no bajó el pistón a pesar de que el Athletic tenía más que claro que su participación en Arabia tocaba a su fin. A los siete minutos de la reanudación, Raphinha resolvía otra buena acción de Bardghji tras una serie de rebotes para marcar el quinto.