Mirada al cielo en el estreno del Atleti como local en esta Champions que en junio terminará en su estadio. En cada gol. Con la mano al corazón, entre brazaletes negros. En la quinta victoria consecutiva de un Atleti que, para la primera en Europa, tumbó a ese gigante sin rumbo en los años sin Ferguson como el Atleti antes de Simeone. Un Manchester United que sacó de inicio para ser asaltado. Porque el Atleti la primera vez que tocó el balón fue para hacer gol. Corrían los jugadores no solo por ellos. Lo hacían por su capitán. Y cómo corrían.
Cuti levantó la cabeza para sacar la pelota y enviársela a ese Kang-in Lee que, cada vez que toca el cuero, le hace un glow up. Su pase a Baena, sobrevolando a toda la defensa inglesa, fue una barbaridad. Un Baena que aguantó, controló y pensó como hacen los jugadores grandes en ese lugar donde todo pasa tan rápido: el área. Fue un segundo apenas. Lo suficiente para dejarle la pelota franca a Barrios, que venía de segunda línea. Derechazo con el interior y la pelota que se fue a la red, llorando, aunque Heaven intentase interceptarla en la línea.