Erling Haaland mete miedo a las defensas rivales. Escuchan sus poderosos pasar y se echan a temblar, tal y como comprobó Guehi, compañero del nueve noruego en el City. Bellingham no se queda atrás, con su correr elegante, pero de nuevo acompañado de verticalidad y seguridad. Dos monumentos del fútbol, pero solo uno podía continuar vivo por Estados Unidos y ese fue el madridista que marcó por partida doble y llevando, por empeño personal y los seis goles que ya suma a los suyos, a la penúltima ronda del Mundial.
Noruega lo intentó más y mejor en los 90 minutos, pero en la prórroga volvió a aparecer Bellingham para sentenciar, aunque lo cierto es que Inglaterra había avisado dos veces. Gol de hombre de área, muy semejante al de Merino ante Bélgica. Tiro de Rogers y Nyland no acierta a blocar, dejando muerta la pelota que aprovecha Bellingham apareciendo en el área pequeña para terminar con la resistencia noruega, pero el gol entró en duda por aquello de parecer que tocaba en los cables de la cámara aérea, lo que tenía que haber significado que parara el juego, pero el chivato de dentro del balón inteligente no lo confirmó.
Una cosa es el miedo y algo muy distinto aparecer en un partido de cuartos de final de un Mundial con la orden de dejar pasar el tiempo sin más a la espera de que una manzana caiga del árbol o que el balón llegado el caso se aproximara a la zona de influencia de Haaland.