El equipo blanco gana el título a falta de cuatro jornadas para el final, tras un trayecto a velocidad de crucero en el que solo ha cedido una derrota.
El Girona fue el único equipo capaz de discutirle el liderato, pero en la segunda vuelta no pudo resistir el asfixiante ritmo de los de Ancelotti.
Nadie ha podido toserle a este Real Madrid en esta Liga. Ahí están sus números. Una sola derrota en 34 jornadas, aquella en el lejano mes de septiembre en el Metropolitano. Apenas seis empates, salpicados por todo el calendario, sin grandes baches.
Dos derrotas acumuló el Barcelona ante los blancos, las mismas que ese entusiasmante Girona y que el seductor Athletic campeón de Copa. Una Liga impecable, a falta de un epílogo insustancial, pues ya solo importa la Copa de Europa, La Decimoquinta, a la hoy exultante parroquia blanca.
El Girona, partícipe directo en la consecución matemática del título tras su partido de este sábado frente al Barça, fue el único equipo que hizo dudar del desenlace de este campeonato. El equipo de Míchel, en su cuento de hadas, alcanzó el ecuador de la competición empatado a puntos con el Real Madrid, merced a una descomunal cosecha de 48 puntos en las 19 primeras jornadas. Aguantó el pulso algunas jornadas más hasta que, en la 24ª, cayó en el Bernabéu por un contundente 4-0. La brecha entonces se amplió a cinco puntos en favor de los blancos, ya imposible de recortar para un Girona que, contra todo pronóstico, jugará la Champions el año que viene. Bien merecido lo tiene.