Cambien Durban por Dallas, sustituyan a Puyol por Oyarzabal y Porro y el cuento tiene un final tan feliz como el de poder disputar la final de un Mundial por segunda vez en nuestra historia. España ganó a Francia (0-2), la mejor selección en lo que llevábamos de campeonato, pero sobre todo se ganó la admiración y el respeto del aficionado al fútbol, viva donde viva.
Es difícil jugar mejor, domar a una bestia con el talento del rival, jibarizar a gigantes como Mbappé, Olise o Dembélé. Todo eso hizo La Roja, que disputará la final el próximo domingo en Nueva York/Nueva Jersey. La segunda estrella, ese milagro, está un poquito más cerca.Marc Cucurella volvió a firmar otra actuación formidable, esta vez en la semifinal ante Francia. Su principal desafío fue controlar a Ousmane Dembélé, muy activo, y las constantes incorporaciones de Jules Koundé desde segunda línea. El lateral, que se comprometió con el Real Madrid durante el Mundial, respondió con un partido completísimo, imponiéndose en la mayoría de acciones gracias también a las ayudas de Álex Baena y al trabajo colectivo del centro del campo, que cerró espacios y evitó que Francia encontrara superioridades por esa banda. La posesión fue para los de De la Fuente.